El Desclasamiento

El pasado domingo la presentadora del Telediario de las tres de la tarde despedía el informativo dando paso a una pieza acerca de una exposición en París de fotografías de Marilyn Monroe y terminaba afirmando “fotografías que están a la venta, por si les interesa”. Intuyo que lo que quería decir es “si les interesa comprarlas”. Es posible que si las cosas hubieran marchado de otra manera, se pudiera haber dado el caso de que en algunos casos hubiéramos atisbado la posibilidad de soñar con comprar alguna de esas fotografías, como simple fetichismo, como ejercicio voyeurista o coleccionista. Al fin y al cabo el precio de algunas de ellas, 4.200€ según el reportaje, podría parecernos un regalo caro pero, en función de nuestras expectativas, un precio alcanzable. Nada más lejos de la realidad.
Escribo este artículo tras leer la entrevista de Manu J. Albert a Carlos Pardo y preparando la entrevista que hicimos este martes en Radio Córdoba a Luis Antonio de Villena sobre su último libro “Lúcidos bordes de abismo” sobre los Panero. Como decía Carlos Pardo y como retrata fielmente en su segunda novela “El viaje a pie de Johann Sebastian”, el desclasamiento se ha producido ya, fue el modelo el que nos ofreció la libertad como el camino al éxito: con la estructura social que nos garantizaba el estado (sanidad y educación especialmente) teníamos las herramientas para alcanzar la cima (entiéndase cima como un escalón más, al menos, en los estratos sociales).

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Le he escuchado a Carlos en El Ojo Crítico de Rne que su familia pretendía subir de clase, hacia la aristocracia desde la clase media “por eso queríamos ser dandis” aunque, como afirma en Cordópolis, la novela es “la historia de una implosión, la decadencia, la caducidad de una familia que funciona como ejemplo de un deterioro más amplio”. Algo así, pero treinta años antes, ocurrió con los Panero, cuya historia adelantarían ellos mismos en El Desencanto de Jaime Chavarri. Una familia nacionalcatólica cuya destrucción se proyecta en esa película que parece marcarles extrañamente la existencia. O quizá no fue la ficción sino la realidad de su desclasamiento y la conversión de sus personas en personajes lo que desembocó en esa, quizá pretendida, dilapidación de sí mismos. Nunca la familia patriarcal fue desmontada con tanta destreza y simbolismo. Luis Antonio de Villena recoge en este libro una historia real, a veces narrada con un tono aséptico que me ha sorprendido como lector. Ocurre como con Pardo, que habla de la historia real de su propia familia aunque, a diferencia de Villena, anuncia su libro como una novela autobiográfica. Villena escribe su realidad, como testigo de la de los Panero, y la anuncia como realidad, ensayo, autobiografía pero no como ficción. ¿Alguien sabe ya dónde está el limite?
Dos familias, dos épocas, dos desclasamientos (de la clase alta a la clase media y de la clase media a la clase media baja), nada más cerca de la realidad. La parte de mi generación que consiguió un empleo hace 10 años sobrevive. En algunos casos (siempre y cuando sigan empleados) entendiendo que la progresión que intuíamos iba a tener en nuestra vida se estancó y, sólo con suerte, se mantendrá. Otros todavía lloran lamentándose no poder comprar las fotografías de Marilyn, ajenos a la situación que viven muchos otros más, que ya no sueñan con saber a qué clase social pertenecen sino simplemente cómo salir de la pobreza económica y sentimental.

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