Tranquilidad

A veces uno piensa que va a recorrer siempre el mismo camino, que va a escribir –toda la vida- la misma columna. Será porque algunas ideas se hacen fuertes, como el árbol que sobrevive, mientras a su alrededor la densidad del bosque va convirtiendo otros ejemplares en desecho. Una y otra vez, uno tiende a lo seguro, apartando lo impertinente y cortoplacista, deteniéndose en aquello que genera tranquilidad.

La tranquilidad está en lo que provoca paz. A día de hoy, me agarro a los mensajes no revanchistas, a las producciones leves y silenciosas, a las banderas sin ondear, durmiendo al jacobino. Es la comodidad que da la tranquilidad, o la tranquilidad que da la comodidad. Da igual, es el medio plazo, la necesidad de mantener una línea honesta, la convicción de no imponer, de no erigirse en portavoz de manifiestos irreprochables. Eso cansa.

Ahora, que nos vemos rodeados de putrefacción, creo que no sirve de nada generar más basura y descrédito. Tampoco creer que uno va a limpiarla dando palazos. Me gusta esa gente que vive la vida sin empujar, con los ojos bien abiertos, sí, pero sin meter el dedo en el ojo ajeno.

Les pido ayuda, y me explico: necesito saber qué les da a ustedes tranquilidad, por si también me sirviera a mi. Antonio Muñoz Molina escribía esta frase sobre un amigo “es vegetariano, pero no tiene ni rastro de dogmatismo ni de ascetismo”.  Eso me genera tranquilidad, tanta como escuchar Tiempos de desastre, de Migalao mirar las cosas que uno encuentra en mitad del campo.

¿Y a ti, que te da tranquilidad?

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