El mirador (espacios)

El mirador, miércoles 2 de Enero de 2013.

18.18 horas. Siete grados. “Cómete Córdoba” A esta hora el sol está a punto de desaparecer en el oeste. No se ve, lo tapa la montaña. “Patri, ¿quieres casarte conmigo?”. Tan sólo se oye el canto de algunos pájaros. Ahora también la risa de una chica que dice algo desde dentro del único coche que hay en este ‘mirador natural’. Es una furgoneta gris, no me he parado a mirar el modelo. Cuando un coche pasa por aquí, como ahora, el ruido anula cualquier otro sonido. Ahora pasa otro más. En el horizonte se divisan claramente unos picos, la silueta de unas montañas mayores, al sur. 18.21 horas. “Mónica, ¿quieres casarte conmigo?”. Está escrito con la misma letra que el mensaje para Patri, en el muro que divide carretera y monte. Siguen las risas en el coche.
18.22 horas. Pasa otro coche. Ríe él. Me distraen. Pensaba escribir algo sobre la ciudad, sobre cómo encogería en caso de necesidad. ¿Por dónde recortarías Córdoba si de pronto se nos quedara grande? Cerca, el colegio de La Aduana. Junto a él, el antiguó hotel Al Mirhab, a la izquierda el hospital Los Morales, las casas diseminadas que van agrupándose a medida que se acercan al casco urbano. 18.24 horas. Se oye con claridad un rebaño a pesar de estar bastante lejos. Los cencerros. Al fondo, a la izquierda, digamos al este, la cárcel de Córdoba. Frío. La carrera del Caballo. “Esta todo el día metido en el Long Rock de los cojones” dice él, aún dentro del coche. 18.25 horas. Una mujer grita abajo, en la ciudad. Son niños jugando. La Cuesta de Los Visos es un reguero de coches iluminados, como cientos de hormigas que se mueven hacía Córdoba.
La avenidas largas, iluminadas, paralelas, perpendiculares, oblicuas; predominando el amarillo, algún destello blanco, algo rojo al fondo, tal vez la Navidad. La luz de la cárcel es la más potente, El Brillante es una curva que simula una especie de interrogación, Arroyo del Moro, la recta más larga. Ahí sigue el hormiguero, devolviendo gente a la ciudad a esta hora de la tarde. 18.33 horas. El sol, ya leve, naranjas y malvas, los días más largos a partir de ahora, miles de cabecitas pensantes en las calles ya oscurecidas, regalos, compras, ganar, perder, propósitos, año nuevo… Alguien ríe en el coche. 18.36 horas. Vuelven a gritar abajo. Es una niña jugando. A pesar del desnivel, se oyen con claridad algunas conversaciones, como cuando suenan a través de los bajantes del cuarto de baño.
Suena un petardo, en poniente. 18.38 horas. El coche arranca y se marcha. Hay mucha suciedad, envoltorios de ketchup, cartones de hamburguesas McDonald. “Te amo, Clarisa. Sergio 27-12-12″. 18.42 horas. Me llaman al móvil, me preguntan sobre la conveniencia de hacer un regalo. No muestro mucha convicción. 18.44 horas. “Cómete Córdoba”, no se si suena a aspiración o a desprecio. Me voy.

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