La subversión y la alegría

Intervención de Juan Serrano en la última sesión de PAUSE, en la sala Combo el jueves 15 de enero, ante una veintena de asistentes y los ponentes que representaban a las tres administraciones: Manuela Gómez, delegada de Cultura de la Junta de Andalucía, Juan Miguel Moreno Calderón, teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba y Antonio Pineda, delegado de Cultura de la Diputación de Córdoba.

AUDIO: http://www.radiocordoba.es/facebook/JUAN_SERRANO_COMBO_.mp3

“Me gusta mucho que la gente te quiera [se dirige a Juan Miguel Moreno Calderón], pero tienes un inconveniente: que encima de ti hay un señor que representa el espíritu conservador, con mentalidad de no entender lo que es el progreso: el arte contemporáneo como evolución de las situaciones que históricamente nos tienen anclados desde hace mucho tiempo.
Considerar que el peso de la historia nos está lastrando es porque nosotros estamos viviendo con partidos que apuestan por la memoria, un exceso de memoria. Y potencian políticas que tienen como base vender una ciudad en función de lo que fuimos, en función de un patrimonio, en función de una historia que casi siempre es caricaturizada.
El Ayuntamiento es cómplice de que se esté deteriorando la integridad de un patrimonio que se está vendiendo, malvendiendo a un turismo de mala manera. Estamos renunciando al rigor histórico, científico. El arte contemporáneo tiene mucho de intentar plantear situaciones rigurosas, que la Historia no sea un cuento, que no vivamos del cuento, que seguimos viviendo del cuento, que no salimos de muchos años atrás, con el patrimonio en forma de lo típico: los patios, las macetas, las cofradías, las peñas. No salimos. Lo nuevo, lo que quiere reformar esa realidad es lo que está encontrando resistencia en las instituciones, porque las instituciones no tienen profesionales que estén dentro de la contemporaneidad como espíritu renovador. Hay que potenciar a los artistas para que subviertan el orden que tenemos.
Estamos acomodados, todos tranquilamente en un estatus que va mal y funciona mal. Si atacan lo más esencial, rebajando los medios para la enseñanza están tocando una de las bases fundamentales del progreso, mete ahí la sanidad, mete otras cosas. La cultura no es un problema de turismo.
Lo contemporáneo tiene mucho que ver con el compromiso del progreso, con el rigor y con vender una Córdoba que no sea un simulacro. Tenemos la ciudad histórica, es un compromiso tener una ciudad histórica pero es que no salimos de caricaturizar nuestro pasado. Estamos vendiendo una historia inventada, que ni siquiera responde al rigor científico. Lo contemporáneo es la gente joven que está gestionando cosas con sus ayuntamientos, que han salido del estatus de artistas aislados, geniales y “tipo renacimiento” para involucrarse en crear cultura. Entonces, el arte tiene mucho que ver con la cultura transformadora y si no no es arte que en este momento sirva, por muchos genios que queramos sacar de la sociedad. La implicación social del arte es una de las condiciones de la contemporaneidad y en eso las instituciones, pienso, no estáis a la altura. No estáis a la altura la Junta de Andalucía, que estáis poniendo freno y escapatorias, concibiendo aquello [se refiere al C4] con informaciones -informaciones tenemos muchas pero lo que no tenemos es el conocer en profundidad el arte contemporáneo. Hace diez años estaban de moda las nuevas tecnologías. Han pasado diez años, las tecnologías están ahora un poco en crisis. Que nos lo diga nuestra gente más moderna. Las nuevas tecnologías casi no merecen la pena salvo determinados artistas serios que trabajan en eso y que van a seguir trabajando en eso con sus propios medios. Las nuevas tecnologías no van a definir una cultura, el C4 no va a definir una cultura en Córdoba. Va a estar ahí, como un edificio muy grande que, si no es tomado, si no es conquistado por la gente que venga de por ahí para ponernos en crisis para desasosegarnos, en esta sociedad tan tranquila, tan cómoda…

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Pero es que en esta tranquilidad estamos casi perdiendo la identidad. No sabemos si somos una sociedad de servicios, si aquí hay que seguir potenciando camareros… Y luego dicen que Córdoba será la ciudad del conocimiento, una definición extraña. Eso dicen los rectores de las universidades. Y claro, los políticos os habéis acostumbrado a hacer enunciados, enunciados, que no reflejan las circunstancias reales en que se vive y las circunstancias reales en que se vive son muy inquietantes para la cultura. Y esto debería ser una reflexión para que entre todos, las instituciones, la gente, nos pusiéramos un poco de acuerdo en que algo hay que cambiar. Manuela, y no queremos pelearnos contigo, sino que simplemente entendáis que a lo mejor lo que empezó hace diez años quizá se ha terminado. Hace falta renovarnos. Los políticos no podéis tener una idea de permanencia, sino de transición, de que estáis ahí para iros, para que vengan otros. Entonces, el político se hace profesional y convierte lo que es transitorio en permanente. Y perdéis la alegría, perdéis la ilusión y estáis a la defensiva. Tú estás a la defensiva, estás aquí a ver cómo paras los balones y has perdido la ilusión, has perdido la alegría de venir a contarnos cosas. Y Juan Miguel está entre… como puede. Entonces, lo siento, pero el alcalde que está manteniendo en este tema que ya es un debate nacional sobre la Mezquita y no es capaz de que una institución se defina en ese tema, cuando hoy ya Cebrián dice que Córdoba está siendo un modelo de lo que no hay que hacer, si era antes el paradigma de la convivencia se está convirtiendo ahora por un empeño, por una mala gestión de la Iglesia, en un centro de enfrentamiento, de culturas o religiones. Y eso es Cordoba, está saliendo a relucir con motivo de algo que ha pasado en París. No sé si esto deberíamos convertirlo más en una reflexión que en un debate.
Es una reflexión que debemos hacer entre todos: Córdoba no va bien. Eso está clarísimo, Manuela. Córdoba no va bien. Estamos tristes. El recuerdo excesivo nos lleva a la melancolía. Esto no lo digo yo, esto lo dice gente que sabe mucho. No nos posibilita para la acción. Somos melancólicos, somos tristes. Entonces hay que coger del pasado lo que interesa. Y no hacer de eso una mascarada para vendérsela a unos señores que vienen aquí, se van, y no nos entienden. Y nosotros no sabemos demostrar que Córdoba tiene unos puntos de referencia en el siglo X que fueron de la innovación que cambio y dio paso a toda la cultura occidental. Si perdemos esa referencia, lo importante, no ya a nivel de turismo sino de lo que significó culturalmente, y estamos perdiendo ese sentido de la cultura, estamos no entendiendo que lo que pretende el arte contemporáneo es ser cultura.
Queremos ser cultura y la cultura siempre es inquietante. Quiere decir que hay que renovar, que hay que sustituir, que tenemos que tener desasosiego en el sentido de que nos diga algo que nos inquiete y a partir de esa inquietud entender. Mi objetivo es que dialoguemos.
Según lo que se ha dicho, se han hecho las cosas mal desde hace mucho tiempo. En la Fundación Botí ha habido arte contemporáneo y, de pronto aquello no funciona. Las crisis son provocadas, las crisis las crea el sistema y va a irse esta crisis y va a venir la siguiente. Son sistémicas, no podemos justificar todo en función de la crisis porque no estamos diciendo nada. Mientras la economia este definiendo, mientras los políticos habléis de administración o de economía solo, estáis perdiendo el debate político. No estáis tocando los temas para los que os hemos elegido para que administréis nuestras vidas. Los políticos sois la referencia, sois el modelo y si los modelos se deterioran está poniéndose en peligro lo que es la democracia en su conjunto. Y eso es grave. Si no tenemos otro sistema y ponemos en crisis la democracia pues ¿por qué nos extrañamos de que ocurra lo que ocurre? Cosas muy desgraciadas, cosas muy terribles pueden ocurrir. La democracia es defender la verdad, el rigor, el no hacer discursos de partidos. Ya no hay derecha e izquierda, el espacio que tenemos no es un espacio ni publico ni privado, es un espacio común que tenemos que compartir. Cuando veamos que ese espacio tenemos que compartirlo los artistas, los trabajadores, habremos entendido que estamos necesitando dar ese paso que posiblemente sea la definición del siglo XXI, pero estamos llegado de mala manera. Tenemos mucha información, pero no la entendemos. Tenemos muchos medios, pero los usamos mal y entonces estamos convertidos en consumidores con toda la libertad del mundo pero con la sensación de que tenemos menos capacidad para cambiar algo a nivel individual: la mayor libertad y la mayor impotencia”.

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