8 reflexiones sobre la Mezquita

1. La campaña pro titularidad pública de la Mezquita Catedral la inició el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, cuando innecesariamente instó a las administraciones a eliminar de folletos y propaganda institucional el término “Mezquita” para referirse a la Mezquita Catedral de Córdoba. La campaña se fue consolidando a medida que el obispo iba endureciendo su discurso de forma poco inteligente. Una posición menos beligerante le habría ocasionado menos problemas.
2. Ayer descubrí que, lamentablemente, el gobierno parece haberle hecho caso al obispo y en la programación de los actos del Año dual Japón España aseguran que se celebrará un concierto de la pianista japonesa Mine Kawakami en la “Catedral de Córdoba, antigua mezquita, Naves de Almanzor”. El lenguaje es importante y creo que el mejor término para referirse a este edificio es Mezquita Catedral. Cuestión de lenguaje, igualmente, es que haya muchos cargos públicos que al referirse al obispo le antepongan el tratamiento de DON, mientras que obvien ese tratamiento al referirse a cargos elegidos democráticamente.
3. Que Mine Kawakami vaya a ofrecer un concierto en la Mezquita Catedral es una de las mejores noticias culturales del año en Córdoba.
4. Creo que de haber sabido que el edifico del Centro de Visitantes (delante de la Mezquita Catedral) iba a convertirse en un bar no debería haberse construido. Una vez construido, creo que alguien debería preguntarse qué utilidad debe tener. Quizá alguien debería llamar al arquitecto que lo diseñó (Juan Cuenca). No me parece que un Sojo con tienda de souvenir sea lo que Córdoba necesite ahí.

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5. El problema de la Mezquita Catedral está más vinculado a la gestión que a la titularidad. Quiero decir que lo más anacrónico en esta historia no es quién es su dueño sino como quien lo gestiona proyecta sus características sobre el edificio. Lo que choca con el concepto Mezquita Catedral es la propia Iglesia en cuyo ADN se encuentran los genes de lo antidemocrático, la opacidad y los privilegios garantizados por el estado español. Ocurre paradójicamente también con la monarquía. Así que los esfuerzos reales deberían estar en privar a la Iglesia de esos privilegios. Esto no será una realidad hasta dentro de muchos años, porque la sociedad no avanza al ritmo que desearíamos, todo discurre más lento para que los cambios se asienten, nos guste o no.
6. El PSOE no tiene credibilidad para enarbolar ahora la reclamación de la titularidad del edificio pues en sus años de gobierno no ha hecho sino beneficiar a la Iglesia fiscalmente y no ha trabajado con seriedad para erradicar de nuestra historia una cuestión igualmente anacrónica como son los acuerdos con la Santa Sede. Resulta chocante ver al PP defender a la Iglesia por encima de las doctrinas de la transparencia y democracia. Que la Mezquita Catedral pasase a ser una propiedad pública nos garantizaría que cada cuatro años pudiéramos cambiar a quienes la gestionan. Y las normas que nos hemos dado nos permitirían reclamar al gobierno una mejor gestión en el caso de que no sea del agrado de nuestra comunidad. A la Iglesia, institución esquiva en la autocrítica y nada permeable, no podemos exigirle nada. No obstante, opino que no debería dar la espalda a las reclamaciones sociales pues tiene en sus manos un edificio símbolo de la propia ciudad y que trasciende a la propia institución eclesiástica cordobesa.
7. La labor social e incluso pastoral de la Iglesia no ha de interferir en el debate que nos ocupa. Es una organización que cumple sus objetivos como ella desea hacerlo. Sí es necesaria una reflexión sobre las normas de acceso al edificio. Si es donativo lo que recaudan a la entrada no debería ser obligatorio. Si no es donativo, debería tributar. Si el edificio recibe ingresos públicos para su mantenimiento, el público debe poder opinar en la gestión del mismo. La transparencia en lo relativo a estos recursos económicos es nula y eso nos hace pensar que detrás de todo hay un notable negocio que condiciona todo. Por otra parte, estando las arcas públicas como están y viendo cómo se han tratado en los ultimos años, yo tampoco tengo mucha confianza en cómo se gestionaría desde lo público este edificio, pero al menos una gestión pública me permitiría poder decidir -con mi voto o mis reclamaciones- sobre esa gestión.
8. Si les parecen absurdas o poco fundamentadas estas reflexiones manifiéstense pero no insulten. He leído muchos artículos estos días que recurren al insulto, algo que además de desagradable merma los argumentos de quienes los pronuncian. Me ha entristecido mucho ver a compañeros adoptar posturas impropias de periodistas u opinadores, alejados de la sensatez que debería otorgarles su profesionalidad. El lenguaje, en ocasiones zafio y burdo, que inunda los comentarios en los digitales y el amparo del anonimato parece haber contagiado a algunos colegas.

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