Lo que evoca su nombre

Si uno toma una escuadra y un cartabón y divide la España peninsular en dos mitades -mitad norte y mitad sur- la línea de unión de ambas discurriría entre el norte de Cáceres y Valencia. Creo que no es exacto, pero no importa demasiado.

El pasado martes conduje (condujimos) sobre esa línea, cosiendo de oeste a este nuestra querida España. Quedé prendado de la belleza de Gredos, y en particular del llano en su falda que permite a la sierra mostrase en su esplendor con las primeras nieves.
Pero lo realmente inquietante es la soledad de ese camino: la dispersión de los pueblos, el vacío entre unos y otros. La unión de Extremadura con el norte de Castilla La Mancha contrasta con el bullicio de la periferia de Madrid y con la meta: la circunvalada Valencia. Previamente y durante el viaje había pensado algunas cosas:
– Las viejas tienen miedo. Los pueblos están casi deshabitados, así que al salir del supermercado las mujeres esconden bien el monedero por temor a ser asaltadas por algún ladrón asustaviejas que aprovecha que los pueblos no tienen ni policía, ni guardiaciviles, ni seguridad privada. Los pueblos se han convertido en áreas de vetustas segundas residencias. Las viejas han de ser cuidadas porque ya son lo único real de los pueblos y si tienen miedo los dejarán convirtiéndose en pueblos fantasmas.
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– En el supermercado escuchan la radio, la Cadena Ser. Cuando uno interviene en la radio juega a imaginarse qué hacen sus oyentes. Yo suelo imaginármelos en casa, cocinando, y en verano en la piscina municipal de Añora (donde la megafonía delata que escuchan esta cadena). Ahora también pensaré en ellos comprando en el supermercado de Tejeda de Tiétar.
– He de tener cuidado con lo que leo. El lunes estuve leyendo ‘Listen to me’ de Manuel Vilas, sentado al sol en una placita en Plasencia. Luego entré en una zapatería y me compré unas horteras y pretenciosas zapatillas de estar en casa, con un escudo bordado. Pensé que Vilas habría comprado unas zapatillas como esas, con una G y una V entrelazadas. Porque esas serían las zapatillas con las que escribiría este libro el Gran Vilas. Yo compré unas con una R bordadas, porque no había otras con una J. No sé porqué sólo vendían las de la letra R.
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– Es muy importante titular. Sea lo que sea lo que uno titule. En la carretera semidesértica entre el oeste y el este de España he encontrado una gasolinera llamada Gran Vía, un puticlub llamado Las Vegas y he imaginado un mesón llamado Playa Tranquila. Ninguno de los tres hacía honor a su nombre. Para todos es importante titular. Una cosa es lo que evoca su nombre.
– Adelanto a cientos de camiones cuya única carga es un único contenedor marítimo. Cada camión con un contenedor. Recuerdo que hace unos días atracó en Algeciras el barco de transporte de contenedores más grande del mundo, el Maersk McKinney que puede portar 18.000 contenedores. Imagino los camiones saliendo del puerto, como hormiguitas, cada uno con su carga, cada uno con material suficiente para abrir una tienda de chinos.
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– Creo que he inventado algo: La casa industrial. Veamos, sería un concepto similar al de casa rural: un lugar que se alquila los fines de semana, puentes, periodos festivos y los veranos (por semanas completas) para que grupos de amigos, familias o parejas desarrollen actividades sociales y de ocio. En el caso de la casa rural, esas actividades tienen que ver con la gastronomía, la naturaleza y la propia antropología de los pueblos. En el de la casa industrial, uno alquilaría un alojamiento dentro de lo que fue una fábrica. Véase: alquilar un despacho de ingeniero jefe de una mina abandonada del norte de Córdoba, o un almacén de una cementera, o la torre de vigilancia de una cadena de envasado recién cerrada. Todo confortable, claro, y a mejor precio que un hotel. Sería un fin de semana estupendo, conociendo las actividades industriales tal y como se llevaban a cabo. Incluso ofrecería un empleo a los prejubilados que quisieran explicar cómo funcionaba la fábrica. Sería hermoso escuchar sus emocionadas historias. Imaginaos, el Turismo Industrial, cada antigua fábrica como un parque temático de Lo Industrial. Cierto es que suena a copia del Turismo Rural, pero creo que es una buena idea y tal vez podamos pedir subvenciones a Europa. Es importante titularlo bien.
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