Jardinería y Política

Algunas plantas tienen eso de generoso, que si las cuidas bien brotan flores. Así que uno puede expiar sus pecados tomando algo de tierra, unas semillas, plantando un buen rosal y cuidándolo hasta su floración. Con la excusa de la construcción de una biblioteca destrozaron la rosaleda de Los Patos. Sería emocionante ver a aquellos cargos públicos que cometieron el error enfundándose unos guantes de jardinería, portando algunos sacos de mantillo, su regadera mona de aluminio y sus plantones de rosal para devolver a la ciudad lo que le quitaron allá por 2008.
Ya había crisis pero la lucha de egos, la precipitación a pesar de ser advertidos, o esa necesidad tan humana de la supervivencia postmorte (entiéndase, muerte política) hizo que las excavadoras entraran en la rosaleda arrasando con todo. Y aquí seguimos, cinco años después, sin biblioteca, sin rosas y sin esperanzas de nada.
De verdad, si hubiera algo de dignidad, quienes cometieron la estupidez deberían convocar una rueda de prensa para pedir perdón y solicitar que caigan las vallas y que la rosaleda vuelva a ser una realidad. Y si luego alguien encuentra dinero para construir la biblioteca pues se quita la rosaleda, porque una biblioteca (con permiso de otras opiniones) es mejor que un rosal. Pero claro, es que ya nadie cree que esa biblioteca se vaya a construir. De hecho, ¿para qué es la partida de 30.000 euros que el gobierno va a destinar este año, para qué la de 120.000 euros que prevén el año que viene? Sepan que no será hasta 2017 cuando se inviertan allí 6 millones de euros, de un coste total que tendrá la obra de 14 millones. Y como eso vienen ya diciéndolo desde hace años, será mejor que cuanto antes estos gestores se pongan las botas –las de jardinero- y planten rosas, porque ya nadie cree a nadie.
Incluso, aprovechen para repensar si todo esto es necesario. Porque quizá, en lugar de construir una biblioteca arquitectónicamente esplendorosa, -¿otra caja vacía, otro C4?- deberían tomar esos 6 millones de euros e invertirlos en las bibliotecas y centros cívicos existentes, hasta que haya tanta actividad que las colas para entrar rodeen los edificios, que rebosen nuestras bibliotecas de gente causando un problema de orden público. Seis millones de euros, repartidos en cursos, conferencias, talleres, libros, dvds… ay, que utopía.

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