Eutropia

La primavera tiene esas cosas: de pronto te regala un día lluvioso y fresco para que recuerdes que vienes de un invierno mojado e incómodo. Y así, cuando comienza la temporada de quejas por el tórrido clima del que somos esclavos, ella te despista y te transporta meses atrás. La frescura de estos días puede hacerla confundir con el otoño: el olor de la lluvia en el viento, el anhelo del calcetín y la manga larga. Ambos parecen un juego que nos lleva a un lugar u otro del año en función de la meteorología. Pero nada más lejos de la realidad. La ventaja de la primavera es saber que tras ella vendrá el verano de las piscinas, los melocotones y los días eternos. El verano, a la vuelta de la esquina, es la salvación, es la huída.
Habrá quien reniegue de él y sus motivos tendrá que yo no pienso rebatirle. Pero no podrán negar que el horizonte que se atisba desde la primavera es mejor que el que promete el otoño, con su amenaza de frío y su afán por convertirse en interminable invierno.

Describía así Marco Polo (Italo Calvino) Eutropia:

“Al entrar en el territorio que tiene por capital Eutropia, el viajero no ve una ciudad sino muchas, de igual importancia y no disímiles entre sí, desparramadas en una vasta y ondulada meseta. Eutropia no es una sino todas esas ciudades al mismo tiempo; una sola está habitada, las otras vacías y esto ocurre por turno. Diré ahora cómo. El día en que los habitantes de Eutropia se sienten abrumados de cansancio y nadie soporta más su trabajo, sus padres, su casa y su calle, las deudas, la gente a la que hay que saludar o que te saluda, entonces toda la ciudadanía decide trasladarse a la ciudad vecina que está ahí esperándolos, vacía y como nueva, donde cada uno tendrá otro trabajo, otra mujer, verá otro paisaje al abrir las ventanas, pasará las noches en otros pasatiempos, amistades, maledicencias. Así sus vidas se renuevan de mudanza en mudanza…”

Para quienes busquen acelerar esa mudanza, la primavera se presenta como un buen momento para hacer las maletas y preparar el traslado a esa otra ciudad que aguarda, vacía y como nueva, para renovarnos.

*Nota: La cita sobre Eutropia está extraído de “Las ciudades invisibles”, Italo Calvino, Ediciones Siruela.

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