El camino (espacios)

Jueves 1 de agosto

5.53h Mi calle es definitivamente fea, es lo primero que pienso al tirar suavemente de la puerta del bloque porque, a esa hora y en verano, uno intuye que cualquier ruido se ha de colar por las ventanas abiertas. Hoy, afortunadamente, no hay rastro del agua que habitualmente se fuga de una toma de riego dando un aspecto al lugar de callejón, que no calleja. La frontera entre el portal (solería de interior) y la calle (pavimento urbano) es delgada pero psicológicamente consistente pues, mientras a nadie se le ocurriría dejar que su perro defecase dentro del portal –ni aunque luego fuera recogida la cosa-, sí que parece la calle un buen lugar para que el animal haga sus necesidades –aunque a veces no se recoja la cosa-. Hoy es un buen día, el portal también se ha librado de las consecuencias del baldeo que cada tres días rompe esa barrera, dejando dentro del portal cosas que son propias -¿si?- del otro lado: hojas secas, envoltorios y otros residuos cuyo origen es difícilmente determinable a simple vista.

5.55h El Bulevar del Gran Capitán tiene la mitad de los bancos llenos de gente. Gente joven, es la hora del cierre de las discotecas del entorno. Al fondo, casi llegando a San Nicolás, dos chicos y una chica caminan. Uno de ellos canta unas sevillanas: se distinguen a lo lejos las palabras “Sevilla”, “morena”, “olé” y “olá”.

5.57h La calle Morería pierde negocios a medida que la temporada de bodas se aleja. Se Alquila. En la cafetería Morería, un trabajador pone las mesas de la terraza, algo que ocurre cada día a la par que llega el panadero –que ha aparcado momentáneamente su furgoneta en la Calle Cruz Conde- y mientras el limpiador de cristales deja impolutos los vidrios de las tiendas de novia. La calle Morería es el Times Square de Córdoba a esa hora, no hay otro en el centro de Córdoba con actividad tan variada.

5.59h Tendillas está casi desierto. Solo una pareja que, apoyada en uno de los preciososbancos de granito, habla en voz baja. Ella llora. No es una discusión acalorada, es una conversación que desemboca en una pena.

6.02h La calle Claudio Marcelo tiene la mitad de sus farolas apagadas. Hay plazas de aparcamiento y suena un pitido continuo que sale del interior de una sucursal bancaria. No parece una alarma, es más desagradable. No hay nadie en la calle, no huele a nada. Es agosto, la calle vacía, como siempre, como cualquier otro mes del año.

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